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OPINIÓN

Pan y Circo

¡Todos entretenidos! ¡Que nadie piense! ¡Que nadie opine!

Pan y circo. No es una expresión nueva, ni algo que se invente en estos días. Esta frase se originó en Roma, en la Sátira X del poeta romano Juvenal (circa 100 A. D.). En su contexto, la frase en latín panem et circenses («pan y juegos del circo») es dada como la última atención del pueblo romano, quien había olvidado su derecho de nacimiento a involucrarse en la política.

Es lo que hoy pasa en nuestro país. Casi 20.000 muertos, en torno a 200.000 infectados, sanitarios que atienden a los enfermos con batas improvisadas con bolsas de basura, datos y estadísticas manipuladas, medios de comunicación censurados, ruedas de prensa manipuladas con medios afines y adláteres con preguntas orquestadas y sin respuestas, alteración de encuestas del CISS, discursos eternos y vacíos de contenido, uso indiscriminado del BOE para publicar normas sin medida ni control, aprovechando la crisis y desconcierto para con el rodillo del que manda hacer lo que les venga en gana, CNI, el principio del fin del derecho a la propiedad privada, un presidente de una Comunidad Autónoma inhabilitado que impide a nuestro Ejército que ayude a la población con el aplauso del Vicepresidente del Gobierno, un Gobierno que aprovecha el caos para despenalizar delitos contra la Corona, mientras penaliza, controla e interviene las conversaciones privadas con el pretexto de evitar bulos, acabando con la libertad de expresión, eso sí, a través de empresas participadas por amiguetes, y un larguísimo etcétera de despropósitos infames y veremos si delictivos.

Si algo me ha dolido, en esa desvergüenza política sin parangón, es que aquellos mismos -Ferreras (La Sexta), Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y resto de la compañía- que caldearon a la ciudadanía y la movilizaron, por el contagio de Ébola de una enfermera,-que no murió- y el sacrificio del pobre perro, hoy callen, miren para otro lado y justifiquen lo injustificable.

No menos indecente me pareció, entre otras muchas indecencias, las declaraciones del Ministro Duque, cuando sin despeinarse dijo que España es el país con la tasa más alta de mortalidad por COVID-19, porque gracias a nuestra sanidad pública, contamos con más personas mayores vivas y sanas que otras naciones y claro, llega COVID y se ceba con nuestros mayores. Así sin más. Igual China, Alemania, Francia, EEUU cuentan con unos cuantos abuelos más que España. ¡Hay que tener tripas sin estrenar Ministro!

Dicen los alineados con este gobierno, que no es tiempo de reproches, que después será el momento. Por supuesto que no, ¡si aún no ha habido que sacrificar a un pobre perro! ¡cómo vas a reprochar nada! ¿Lo haremos después? ¿Cuándo? ¿Cuándo después de meses encerrados en nuestras casas podamos retornar a nuestras vidas, a nuestros trabajos, a nuestras reuniones con nuestros amigos? ¿Será entonces cuando reprochemos?

Por si acaso ya se encargan de que el pueblo no piense, porque quien no piensa, no opina por aquello del «yo no entiendo». Así que, qué mejor que seguir aplaudiendo y cantando hola don pepito con agentes de policía bailando esperpénticamente alrededor de sus vehículos policiales con las sirenas activadas, o compitiendo en los balcones a ver quien hace sonar la música más movidita, a volumen más alto y entretenidita, mientras seguimos muriendo, otros países se quedan con nuestros aparatos médicos para salvarnos, nuestros sanitarios jugándose la vida sin ninguna protección, nuestro gobierno comprando test inservibles, sin dejar de mentir, de tomarnos por tontos, y demostrar que les importamos bien poco, además de dejar patente su incapacidad absoluta para gestionar esta crisis de salud pública. ¿A ellos vamos a confiar que nos saquen de esto? Y, ¿estos mismos, nos van a sacar de la ruina económica que se nos avecina? Por favor, dejadme una mesa de mezclas, un amplificador, que quiero pan y circo y no pensar para no hundirme en la mayor de las miserias.

Por Francisco Javier Lara Peláez

Abogado, Administrador de Fincas, Mediador de Seguros Privado, Árbitro, Mediador, y actualmente Decano del Colegio de Abogados de Málaga.

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